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29/02/2020. Teresa L. L., 83 años. Madrid (Comunidad de Madrid). La anciana falleció tras caer por las escaleras del chalé donde vivía en Ciempozuelos. Lo que en un principio parecía un accidente doméstico más, dentro de la lógica de su estado de salud, llevó a los investigadores a detener a un acompañante de la mujer. Sobre la muerte de Teresa ahora planea la figura de Fernando C., un policía local del municipio cercano de San Martín de la Vega, de 53 años. Las autoridades creen que Fernando pudo haber acabado con la vida de Teresa para heredar una importante suma de dinero, que ganó comprando y vendiendo propiedades junto a Fidel, su esposo fallecido. La cifra podría ascender a 1,5 millones de euros. Teresa y Fidel no habían tenido descendencia y todo estaba a nombre de Fernando, amigo del matrimonio, tan amigo que era su heredero. “Se me hace raro que se cayera. Ella no podía subir a la buhardilla. Jamás he visto las persianas de arriba subidas”, afirma la vecina que vive justo frente a la casa de Teresa, en la calle San Francisco de Ciempozuelos. En febrero de 2020, un mes antes de que comenzase la pandemia, Fernando estaba acuciado por las deudas. Hay testigos que aseguran que además de tener los bolsillos rotos, consumía cocaína. En aquella fecha sufrió un accidente de coche. De copiloto iba Teresa. Antes de arrancar la marcha, cuando intentó ponerse el cinturón, el agente le dijo que no se preocupase, que él era policía local y nadie la iba a multar. Él sí lo llevaba. Unos minutos después, se estampó en pleno día con su Audi A3 contra un árbol cerca de un núcleo urbano. “Se me ha cruzado un zorro y por no atropellarlo me he estrellado”, se justificó. No pensó bien en la coartada. Los zorros son animales nocturnos, y para más inri, no se encontraron huellas de frenada. Teresa acabó malherida en un hospital. Mientras estaba ingresada, dicen los testigos que Fernando acudió a verla con un notario, que también ha sido detenido. Llevaba unos papeles en la mano. El notario asegura que él no estuvo en el centro médico, pero las testificales le desmienten. En cualquier caso, Fernando le pidió que firmara los documentos con la excusa de que se trataba de documentación necesaria para el seguro por el accidente. Ella no los miró. Hasta entonces le quería como a un hijo. En realidad, lo que Teresa rubricó fue un poder para que Fernando pudiera disponer a su libre albedrío de todo su dinero y patrimonio, lo que se conoce popularmente como un poder de “ruina”. Él no tardó ni veinticuatro horas en hacer un reintegro de 300.000 euros. Al día siguiente, Teresa le pidió copia de lo que había firmado y él le entregó unos papeles que nada tenían que ver. En cuanto le dieron el alta y ella regresó a casa, el policía aprovechó para quedarse a solas con Teresa. Mandó a la chica a hacer la compra y presuntamente empujó a la anciana escaleras abajo. Él aseguró que se trataba de una caída fortuita, pero la autopsia establece que hubo empujón y fue un asesinato. Además, tras el accidente, Teresa apenas podía andar. Siempre necesitaba la ayuda de un andador y nunca subía ni bajaba escaleras. ¡Qué casualidad que lo intentara aquel día, según el agente! A los investigadores, curtidos en mil batallas, no se les pasó un detalle. El andador cabía justo por la escalera, pero en un recodo había un paquete grande de botellas de agua, lo que impedía el paso. A pesar de ello en andador acabó tirado en la planta baja, lo que es técnicamente imposible. Durante la investigación por el asesinato, la guardia civil intervino un diario a la mujer de Fernando, el policía municipal, donde cuenta cómo él había abusado de una menor. Así comienzan tres páginas claves del diario en el que la esposa del policía local describe unos abusos sexuales a una menor de doce años. “Llevo tanta carga dentro, tantas cosas imposibles de verbalizar. El primer palo duro que me llevé con Fernando fue hace diez años”. Unos amigos “se vinieron a la playa con nosotros y allí pasó algo repugnante y asqueroso. Yo me enteré la última, seis meses después”. Una noche cuando todos dormían, Fernando comenzó a tocar a la menor. “Tuvo el valor de preguntarle: ¿quieres que siga ¿Cómo debió sentirse esa criatura de 12 años Atemorizada y muerta de miedo se fue a dormir a la habitación de sus padres”. La pequeña se lo acabó contando a sus padres, y estos por no perjudicar a la mujer de Fernando no lo denunciaron. Ella se enteró seis meses después: “Me dijo que estaba dormido y que pensaba que era yo. ¿Cómo va a comparar el cuerpo de una niña con el mío ¿Cómo iba a estar dormido si se levantó al baño a por crema hidratante para seguir No sé cómo le pude perdonar. Supongo que me manipuló como siempre ha hecho y como sigue haciendo”, concluye la mujer. La menor de entonces, que ahora es mayor de edad, ha ratificado todos los extremos del relato y el diario y su testimonio han servido para que ahora la Guardia Civil le impute un delito de abusos sexuales. Sobre el agente también pende una acusación por asesinato. Estos hechos, unidos a numerosos indicios más, le han llevado a prisión provisional de donde en principio solo saldrá para sentarse en dos banquillos por dos acusaciones: asesinato y abusos sexuales. hemos clasificado el caso como asesinato de mujeres por violencia comunitaria. No es cifra oficial.
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